El Turismo de Compras está de moda, ¿pero cómo lo hacemos sostenible?

La OMT define el turismo de compras como un concepto emergente y una rama del turismo que se orientada a individuos para los que la adquisición de bienes fuera de su entorno habitual como entretenimiento es un factor determinante en su decisión de dónde viajar.


Según Olmos y García en Estructura del mercado turístico, trata de una tipología que implica las compras en el lugar que se visita como actividad lúdica, sea motivación principal del desplazamiento o no. Incluye la compra de productos típicos del lugar, souvenirs, mercadillos, talleres de artesanía, etc.


Como dato curioso, EGATUR (Plan de Turismo de Compras) indica que 15,7 millones (de un total de 30) de excursionistas que vinieron a España años anteriores declaran que su motivo principal para cruzar la frontera fueron las compras. Estos datos son significativos cuando comparas la cantidad de 60 millones de turistas que llegaron a las fronteras españolas, de los cuales solamente 68.608 declaran las compras como motivo principal del viaje.



Sus impactos ambientales por la naturaleza del tipo de turismo son en cierta parte inferiores en comparación con el impacto que podría tener, un eco-turista en el Amazonas. El hecho de que gran parte del turismo de compras se realice en territorio urbano, alejado del medio natural, con lo cual no le influye de una forma directa, aunque sí indirecta, como se explica a continuación.


A pesar de que en ocasiones, parte positiva de sus impactos ambientales es el hecho de que, siendo muchas veces en algunos destinos como Barcelona una actividad paralela, no consume recursos complementarios en cuanto a energías fósiles por los desplazamientos. Sin embargo, en el continente asiático y en oriente medio si que son viajes de objetivo principal en muchas de las ocasiones.

Su impacto económico a nivel general suele ser positivo, ya que el gasto turístico se incrementa y debido a que las compras suelen ser en horas y días más inusuales, como tardes y fines de semana, complementa la actividad regular de los locales en horarios más usuales.


Pese a que calcular el gasto turístico en compras puede ser una tarea complicada para diferenciar entre compras de locales y turistas, se podrían utilizar software de análisis del impacto económico (SAIE) que puedan reconducir esta dificultad y hacerla más viable; como por ejemplo, analizando el gasto de las tarjetas de crédito en el extranjero, en colaboración con entidades como Visa, Mastercard, American Express o Diners (y empresas de reembolso de tasas como Global Blue), se podrían extraer estadísticas de consumo más claras para calcular de una manera más certera el gasto turístico en actividades relacionadas con el turismo de compras.



Sus impactos sociales no dependerán directamente del tipo de turismo, en este caso, si no de la regulación y las políticas que se apliquen en cuanto a la gestión del mismo.


En el caso de Barcelona, pese a estar distante del concepto de la economía colaborativa, desde la entidad de Barcelona Turisme se trata de promover el turismo de compras mediante la acción Barcelona Shopping Line, que ofrece un recorrido de más de cinco kilòmetros repartidos por toda la ciudad: Ciutat Vella, el Born, el Eixample, la Diagonal y una pequeña parte del barrio de Gràcia.


Excluyendo los centros comerciales puesto que no suponen ninguna rentabilidad directa para la economía local, el resto de puntos que se incluyen en esta propuesta, en una amplia mayoría, son negocios locales. Pese a tratarse de un factor económico, este hecho influirá directamente en el aspecto social.


En la actualidad, además de eventos como el Summit Shopping Tourism & Economy que surge como iniciativa por parte de The Shopping Tourism Institute, también encontramos a nivel nacional ferias como FITUR que reciben el apoyo de Turespaña en acciones como FITUR SHOPPING, que tuvo lugar en el evento del 2015.


Uno de los principales objetivos que quieren alcanzar estos eventos es conseguir dar las instrucciones adecuadas en cuanto a la gestión de la oportunidad económica que ofrece este sector y fomentarlo, convirtiéndolo en parte de la marca del destino.


Paralelamente, se ha desarrollado en España el Plan de Turismo de Compras planteado en conjunto por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y por el Ministerio de Economía y Competitividad; en el cual, además de hacer un extenso estudio sobre la situación actual española, se analizan datos (incluidos psicosociales) en referencia al comportamiento de las diferentes nacionalidades de cara a este tipo de actividad.



Los objetivos del plan de promoción del Turismo de Compras son aumentar el volumen del Turismo de Compras e incrementar el gasto en compras de los turistas para los que esta actividad es complementaria o secundaria.


Pretende alcanzarlos mediante la promoción de España como destino de compras (aprovechando el reconocimiento de la Marca España), mejorando la comercialización del producto en el exterior, agilizando la expedición de visados y mejorando la oferta comercial para adaptarla a las necesidades y los gustos de los turistas.


Se puede concluir que, de forma general, el Turismo de Compras podría afectar de forma positiva a la generación de empleo, a un incremento del consumo per cápita, a la llegada de más turismo en los momentos deseados dada la atemporalidad de la actividad y la posible gestión de la misma y al mejor desarrollo de la economía local y de la sociedad.


Por ende, sería un concepto teóricamente sostenible, sin embargo, en la práctica no se aplica si las políticas gubernamentales no acompañan.


Poniendo como ejemplo el plan de promoción del Turismo de Compras en España se puede observar que escatima en competitividad sostenible. El hecho de que ni en los objetivos ni en las estrategias se mencione nada en referencia a la redistribución de los ingresos en la economía mediante la promoción de negocios locales, ni tampoco se mencione el medioambiente en todo el plan, lo hace un poco básico, según mi perspectiva.

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